¿De qué color es el semáforo?

Jorge Ortega Ferrán.-

Han pasado ya más de diez días desde que el límite, declarado por la doctora Sheinbaum, de camas ocupadas para pacientes de Covid-19 en el Valle de México ha sido superado, y es fecha que no se aplica el semáforo rojo.

Podría citar todos los elementos (excusas) por los cuales la gobernadora de la CDMX no ha impuesto el semáforo rojo, teniendo que guardarse sus propias palabras, pero me es más interesante el analizar el por qué ha tenido que recurrir a esto.

El gobierno de la ciudad se encuentra sometido ante la voluntad del ejecutivo y de un subsecretario de salud, cuyo interés por complacer a su jefe es sumamente mayor que aquel que tiene por salvar la vida de los mexicanos. Hemos pasado a manos de quien alguna vez fue amado y ahora es verdugo de más de 100 mil paisanos, el doctor Hugo López Gatell. ¿Recuerdan aquellos días en donde 60,000 muertos era un escenario “muy catastrófico”? El encargado, a nivel nacional, de “controlar” la pandemia es ahora el que le impondrá a Claudia que color le corresponde pintarse a la capital del país.

Parece que fue ayer cuando se decretó que el Valle de México tenía un límite de 5,127 camas antes de regresar al temido indicativo rojo, pero las cosas han cambiado. Las decisiones basadas en la ciencia, y la razón no son precisamente bien vistas en estas circunstancias de emergencia nacional y en las oficinas del Palacio Nacional pareciera que se encuentran más preocupados por mantener el discurso de que el pequeño virus, que ha acabado con la vida de más de 1.5 millones de personas alrededor del mundo, de las cuales 7.4% son vidas mexicanas, no es tan grave. “Hay que abrazarse” fue, es, y será el lema que repetirán hasta el cansancio.

Pese a que diario la doctora Sheinbaum ha salido a dar un mensaje de cuidado, pidiendo la cooperación de la ciudadanía e invitándola a que se queden en casa. Luchando contra la espada y la pared, buscando soluciones parciales para restringir la movilidad y hacer un mejor seguimiento de los casos, a sabiendas de que la mejor medida que se podría tomar es cerrar en su totalidad los puntos de aglomeración ciudadana y volver al semáforo rojo. Denota en su mensaje preocupación al ver la ola incontenible de contagios que se propagan en la capital, sin poder hacer nada. El mensaje está claro, y viene desde arriba, la CDMX no puede pasar a rojo, así no haya camas en los hospitales privados, y ni hablemos de los públicos.

El Valle de México se encuentra en desasosiego, sin encontrar salida de esta situación. Cada día más personas mueren sin siquiera poder acudir al hospital debido a la falta de camas, de respiradores, de médicos. La esperanza de la vacuna es el único consuelo que tiene. Y mientras en bares, restaurantes, fondas y centros comerciales la gente pasea y se regocija, cientos de personas no encuentran un hospital dónde internar a sus enfermos.

Foto de CDC en Pexels.com

 La necedad del ejecutivo ha impactado en la soberanía de la CDMX.

– ¿De qué color es el semáforo?

-Del que usted quiera, señor Presidente.

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