Méndigos y mendigos

Rodolfo Higareda.-

El otro día, a la vuelta de mi casa, me puse a hablar con un hombre desamparado, de esos que por alguna razón se quedaron sin hogar… sin techo.  Me dijo que se llamaba Juan.  Ya lo había visto de tiempo atrás, pero está vez se me acercó para preguntarme si yo salía en la tele, porque mi rostro le parecía conocido.  Para mi sorpresa, tras unos instantes me dijo —tú escribías en La Razón.  Casi me voy de espaldas porque tengo años de no publicar en esas páginas y obvio no salgo en la televisión.

Pues resulta que el tipo es un lector voraz y que también escribe.  La charla se empezó a poner sabrosa, y como yo tenía que hacer un mandado le pedí que me acompañara para no cortarla.  El hombre accedió gustoso, llevando consigo un montón de bolsas de cartón, constantemente batallando con ellas en nuestro andar porque se le caían.  Supongo que es su negocio venderlas, aunque no entré con él en ese detalle.  Algo que me llamó mucho la atención es que habla un inglés perfecto; y me dijo que estudió muchos años en el Colegio Americano.  Sin duda la vida da muchas vueltas, pero en algún momento de nuestra conversación me preguntó qué pensaba yo sobre las desgracias de nuestro país; si estás eran producto de López Obrador o de quienes lo eligieron.

Caminamos un largo trecho por Insurgentes y de vuelta a mi casa, así que pudimos intercambiar puntos de vista.  Llegamos a la conclusión de que somos los mexicanos y nadie más, los responsables de tener a un hombre mediocre y peligroso como presidente.  Con 56 por ciento de aprobación, de acuerdo a la más reciente encuesta de El Financiero, no hay más qué decir.  La mitad de los ciudadanos aprueba a un mandatario que en su larga homilía matutina pone a Chico Ché para desafiar a sus vecinos y socios comerciales; y quien se trae a un bufón de la dictadura cubana para que le cante mientras anuncia la importación de esclavos desde esa isla.

Las próximas seis semanas probablemente marcarán el destino de millones de mexicanos.  Y dado que al frente tenemos a un tipo impredecible en muchos aspectos, por ser un mentiros compulsivo, la posibilidad de que el 15 de septiembre cancele el T- MEC, en un arranque de patriotismo barato, es muy alta.  Dentro de su círculo cercano, con esos con los que come paella los domingos, se alimenta esa idea.  La sobremesa es de pura ideología de izquierda trasnochada, donde salen a relucir complejos y resentimientos.  Ahí no reparan en lo absoluto sobre los enormes beneficios que conlleva la vecindad con la mayor potencia económica y militar del mundo.

Pero quiero pensar que sus jefes en La Habana no serán tan estúpidos como los comensales de Palacio, aunque nunca se sabe.  Y es que supongo que como buenos proxenetas, los comunistas isleños necesitan extraer desesperadamente dinero, y ahora México es quizás su principal fuente de recursos.  Pero de cancelar el tratado, los Juanes que mendigan por nuestras ciudades se van a multiplicar.  De hecho, fíjense bien y éstos han aumentado dramáticamente en los últimos tres años.

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