Un PRI de servilleta

Rubén Cortés.-

El PRI se hizo dedo chiquito de Morena al entregarse a un dirigente pequeño. Un tiro en el pie, pues aunque muchos lo vinculan con lo peor de México, el PRI tiene un alto 19 por ciento de intención de voto y, en Alfredo del Mazo, un presidenciable con 10 por ciento.

En la más reciente encuesta de Reforma hacia las elecciones presidenciales de 2024, el PRI es superado apenas en un punto por el PAN, que es el principal partido de la oposición (20 a 19); y Del Mazo está en la carrera, pese a que no dice todavía si quiere o no.

Nada mal para el PRI. En las intermedias, Del Mazo le arrebató a Morena el control del Congreso del Estado de México, la mitad de los municipios que gobernaba el partido del presidente, y se llevó el doble de los municipios que había ganado el PRI en 2018.

Del Mazo ganó la capital, Toluca, además de Tlalnepantla, el emblemático Atlacomulco y los municipios rurales del norte y el sur del estado. Todo eso, al estilo del mejor PRI: sin estridencias y con programas sociales consensuados con la oposición. 

Pero el PRI tira todo eso por la borda: el pasado fin de semana se puso a las órdenes del presidente que no lo baja de corrupto y traidor a la patria. Entregó el partido al mandatario, adoptó el discurso de éste, y le avisó que aprobará su reforma eléctrica.

El cinismo del PRI es nauseabundo. Ahora se define de centro izquierda, socialdemócrata, feminista, ambientalista, anti discriminación, progresista, aliado de la causa popular y pateador del neoliberalismo. Todo eso dice que es… más lo que se ofrezca.

Sin embargo, hoy no es nada, pues su postura lo saca en automático de la alianza opositora que, desde las intermedias, había armado con el PAN y el PRD para enfrentar los embates autoritarios del presidente.

En la misma encuesta de Reforma, Morena-PT-Verde tienen 50 por ciento de intención de voto; mientras PAN-PRI-PRD, un 42 por ciento que los convierten en una coalición competitiva. La marcha atrás del PRI es una mala noticia para la alianza Va por México.

Hoy se reúnen los dirigentes de esos tres partidos, pero el del PRI llega después de rendirse al presidente y el del PAN llega sintiéndose soñado porque, después de tres años, por fin lo recibieron en Gobernación.

Los dos sólo piensan en seguir con vida política luego de 2024. El propio líder panista admite que perderá todo, aunque cree que con un poco de suerte puede ganar Aguascalientes… suerte que empezó a negociar ayer en Gobernación: de ahí su felicidad.

A mitad del camino, es esa la más grande oposición política en México.

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