De la Universidad y las hamburguesas

Leonardo Báez Fuente.-

He seguido con interés el debate entre el “hamburguesamiento” de la UNAM sostenido por López y su pandilla de paniaguados y por otra parte los unamitas que consideran que la “Nuestra Máxima Casa de Estudios del planeta y galaxias circunvecinas” no debe ser tocada ni con el pétalo de una crítica por ser un ataque a su mentada, malentendida y absurda autonomía, que debe darle el carácter de país autónomo dentro del territorio nacional.

Todo lo anterior siempre se ha basado en mitos y percepciones trastocadas por bulos repetidos hasta la estupidez por los egresados de la Universidad y funcionarios que medran con ellos.

Sí hay algo que ha sido el fundamento de los absurdos de todo este “conflicto” es el constante alejamiento de la realidad y dejar que sus protagonistas se hundan cada día más en sus mitos, miserias y mentiras con las que pretenden guiar a la Universidad hacia los abismos de la imbecilidad más perversa, como los que están sosteniendo bizantinamente los partícipes de este ridículo enfrentamiento.

Las universidades fuera de todo romanticismo (es decir de sus propias mitologías) tienen una función esencial: Generar profesionales especializados en diversas áreas cuya finalidad no es otra que la de integrarse al mercado, ya sea como empleados, emprendedores o profesionales independientes, para obtener de sus conocimientos medios de subsistencia decorosos. Más burgués no puede ser esto. Obviamente no todas las profesiones son tan redituables: Un médico especialista siempre tendrá mucha más demanda que un profesor de filosofía kantiana o un científico político (lo que eso signifique) por razones más que evidentes.

Los problemas esenciales de la Universidad son el burocratismo, el feudalismo y  la masificación al absurdo. Al no ser un centro de estudios de élite, hace que la formación de los estudiantes sea cada vez más precaria; nadie puede transmitir conocimientos de manera amplia y clara a salones con ciento veinte alumnos somnolientos, hambrientos o indiferentes. La mayoría silenciosa de ellos sólo aspira a poder trabajar en las materias de su especialidad y sólo una minoría podrá alcanzar,  ya sea por sus relaciones familiares, su inteligencia arriba del promedio o su sumisión al sistema, los anhelos clase medieros y aspiracionales de la pequeña burguesía. A su vez existe una minoría de ellos que en ejercicio de su resentimiento social y prácticas gansteriles se unen a la grilla universitaria y siempre suelen ser el foco de insurrección dentro del territorio autónomo de la república de Ciudad Universitaria y sus Campus periféricos.

La Universidad nunca debe ser un mito sino una realidad, y la realidad de la Universidad es que se volvió una fábrica de gente resentida por no poder integrarse al mercado de trabajo nacional. Su formación es deficiente y vive de sus glorias pasadas. Se quejan de que las universidades “patito” les roban a sus alumnos, sin considerar que la UNAM abandonó a todos ellos a su suerte y esas pequeñas escuelas le dan un espacio a estudiantes que la Universidad jamás les dará.

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