Del desprecio a los oficios

Leonardo Báez Fuente.-

Una de las peores consecuencias que trajo el periodo de los virreinatos a América fue el fenómeno de los hidalgos, que consideraban que el trabajo manual no era digno de sus hazañas bélicas y por lo tanto tener un oficio manual era una marca de infamia y ser plebeyo en un mundo de señores de la guerra.

Esta mentalidad permeó durante siglos en la idiosincrasia de los países iberoamericanos, en donde se pasaba de conquistador a encomendero y a terrateniente con resabios feudales. A ellos se sumó la formación de las castas burocráticas que contaban con situaciones de privilegios y que su actividad nunca implicó la necesidad de trabajar con sus manos, sino que servían al Rey o en su defecto a los señores que lo sustituyeron con las independencias.

José María Luis Mora vio esta situación de manera descarnada y en 1828 escribe el “Discurso sobre los perniciosos efectos de la Empleomanía” en donde señala de manera por demás clara la obsesión que los nuevos mexicanos tenían (y lo peor, siguen teniendo) sobre obtener y dedicarse toda su vida a la burocracia gubernamental, exigiendo siempre la multiplicación de puestos para ello. Lo antes referido llevó a las autoridades porfirianas a crear la  Universidad Nacional de México (La inicial fue cerrada por ser religiosa y no es el origen de la UNAM), las escuelas preparatorias y las escuelas normales para surtir de burócratas al sistema.

El sistema político mexicano del priiato mantuvo esa obsesión burocrática y fomentó que los profesionales se buscaran la vida anclados a los presupuestos nacionales, como una forma de control, lo cual es notable al revisar que la mayoría de los militantes del movimiento del 68, para 1975 se encontraban casi todos uncidos al carro gubernamental y que a la fecha lo siguen estando a través de sus jubilaciones o las becas y apoyos a la cultura que les sigue dando el gobierno.

De ahí que históricamente los mexicanos de clases media y alta, como aspirantes a hidalgos, desprecian con toda su alma a los oficios manuales, señalando que son sólo para gente de clase baja. Ilusos, sí se dieran cuenta que son muchas veces mejor pagados que sus aspiraciones de burócratas de medio pelo y que son codiciadísimos para su migración al primer mundo, no los verían con el imbécil desprecio que sólo los obtusos mentales podrían darles.

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