INAI, el relato estaba en otro lado
Julián Andrade.-
El INAI cerró la cortina con un mensaje de su presidente, Adrián Alcalá, en el que dijo que se hizo todo lo posible para evitar lo que ya ocurrió.
¿Será que lo hicieron? ¿Cuáles fueron sus acciones? ¿Dónde se puede vislumbrar la estrategia? ¿Esperaron demasiado para no contrariar? ¿Se creyeron los cuentos de que el INAI podría sobrevivir?
En el fondo, Alcalá tiene razón, pero no por lo que hicieron o dejaron de hacer, sino porque era una decisión tomada desde que en Morena obtuvieron, por apreciaciones discutibles del INE y del Tribunal Electoral, los escaños necesarios para modificar la Constitución sin límite ni recato.
Nada habría cambiado el plan trasado por el expresidente López Obrador.
Pero el INAI, más vale aceptarlo, no tuvo la capacidad de hacer un llamado a la acción, de movilizar a la sociedad de modo que se elevara el costo de su extinción y eso que el trabajo de los comisionados fue el adecuado.
Hicieron lo que estaba en sus manos, pero esto no iba a tener consecuencias favorables, porque la rendición de cuentas y la trasparecía no son asuntos que conmuevan en estos momentos, más allá de los circuitos académicos e informados.
Para cualquier gobierno, los de ahora y los que vengan, la desaparición del INAI es un anillo al dedo, ya que los políticos no quieren a instituciones que obliguen a darle publicidad a su forma de actuar y mucho menos a cómo gastan el presupuesto público.
Quien lo dude, analice la historia del INAI y se encontrará con que provino de la propia sociedad, que fue una iniciativa de expertos y de periodistas, que significó uno de los logros más notables de la alternancia y de nuestra democracia.

El desalojo, porque eso es, que se hizo de la transparencia, es un golpe a la sociedad y no a las supuestas burocracias doradas.
¿Y por qué no se le defendió con el ahincó necesario? Porque a la gran mayoría no le interesa la suerte de las instituciones, y, también, hay que decirlo, porque la estocada contra el INAI ya ocurrió con la oposición contra las cuerdas y en gran medida testimonial.
Nunca se construyó un relato adecuado sobre la trasformación que ocurrió en nuestro país y que hizo posible justamente un entramado institucional de pesos y contrapesos.
Los más jóvenes no tienen ni la menor idea de las estrecheces que imperaban en el pasado y de las dificultades que existían para acceder a las informaciones más elementales. Las plantillas y los presupuestos estaban resguardados bajo siete llaves.
Hay un recuerdo vago de lo que fue el pasado con partido hegemónico y sin rival. En cambio, sí se construyó un discurso de descalificación sobre cada uno de los avances que significaron establecer controles al poder.
Ello no es atribuible al INAI, ni mucho menos, pero si al conjunto político y social que no supo realizar una tarea pedagógica e histórica sobre lo que constó edificar a nuestra democracia, por imperfecta que fuera.
Y en ello está el drama del momento mexicano. Las instituciones no emocionan, son poco atractivas y quedan desactivadas ente la demagogia.
El comisionado Alcalá aceptó que hay una nueva realidad social y política e hizo los votos protocolarios porque “le vaya bien a México”.
En el fondo, se está apagando una luz y se irá imponiendo la opacidad, donde las revelaciones provendrán de los pleitos y venganzas entre los poderosos.
En el INAI se fueron de vacaciones y no se les puede reprochar, en los próximos meses la mayoría de sus servidores públicos se quedarán sin empleo, otro drama, también profundo.
Publicado en Emeequis el 20 de diciembre de 2024.
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