Siempre

Nav Melech.-

“Angélica nunca se había sentido tan sola en su vida como en ese instante bajo la lluvia. Se secó las lágrimas de los ojos y se limpió la nariz mientras se dirigía a la parada del autobús. Todos sus amigos se habían mudado y su familia estaba demasiado ocupada con sus propias vidas como para preocuparse por la de ella. Deseaba enormemente que alguien le hablara, pero parecía que todos estaban demasiado ocupados. Su autobús llegó y ella abordó, mirando por la ventana los edificios que pasaban. Cuanto más se alejaba de casa, más sola se sentía. Finalmente, cuando llegó a su destino, salió de la estación y entró en la realidad, un lugar donde nadie se preocupaba por ella o incluso notaba que existía.”  –C.F.G.

Esto fue lo último que le leyó Luis a María, dos minutos antes de que ella se fuese a dormir eternamente. Pero estas palabras únicamente cobran sentido una vez que conozcan su historia, es por eso que se las cuento a continuación.

“En un pequeño pueblo abandonado de San Miguel, una joven pareja llamada Luis y María se enamoraron profundamente en cuestión de dos días y cinco cafés, en conversaciones entre dos sopas de lentejas y dos besos largos entre la primera y la segunda noche. Ellos se conocieron en un festival de cultura local y su atracción fue instantánea, provocada por su amor compartido por la música y los libros de Carpentier.

Luis era un músico talentoso que tocaba la guitarra, la flauta transversa y en especial todos los sentimientos escondidos de su padre; además de que escribía sus propias canciones en una sola noche y componía la música en una semana completa; mientras que María tenía una voz angelical, adiestrada gracias a los días en los cuales ella cantó para la iglesia local. Rápidamente se volvieron inseparables y pasaron sus siguientes años escribiendo canciones y soñando con triunfar en la industria de la música.

Un día, Luis sorprendió a María con una nueva canción que había escrito solo para ella, inspirado por su amor, devoción y, sobre todo: respeto. La balada tenía el nombre de «Siempre «, y era una canción hermosa que hablaba de un amor que nunca moriría, sobre una pasión que se mantendría latente como lo es el sol de hoy en día. Mientras María escuchaba la canción, las lágrimas brotaron de sus ojos; una por una, Luis las fue guardando todas en un recipiente de cerámica de color azul, y el mismo lo guardó en el closet donde también resguardaba las uñas de su hermano Gonzalo; mismo que se fue al mundo de los cielos cuando Luis tenía apenas cinco años, y su hermano por una enorme depresión saltó hacia las vías del único tren del pueblo.

María supo en ese entonces que Luis era con quien quería pasar el resto de su vida, y la canción capturó todo lo que ella sentía sobre su relación. Tocaron la canción juntos y se convirtió en su himno, un símbolo de su profundo y perdurable amor. La tocaron a sus amigos y familiares, todos y cada uno asumieron la canción como el reflejo de una hermosa relación que es capaz de todo, y al mismo tiempo que es capaz de cumplir un mínimo detalle, que es “acompañarse”.

Pasaron los años y, Luis y María se mudaron a la ciudad para perseguir sus sueños de convertirse en músicos profesionales. Y también porque el tío de María enfermó gravemente de la cadera, y él les ofreció a la pareja un lugar donde vivir, siempre y cuando ellos pudieran llevarle el almuerzo todos los días de la semana, y compartir las tardes junto a él, junto con un café y un par de piezas de dominó cubano.

Tocaron en pequeños clubes y cafés, y aunque nunca se hicieron famosos, nunca perdieron su pasión por la música ni entre ellos. A medida que crecieron, enfrentaron muchos desafíos y dificultades, pero su amor nunca flaqueó, sino todo lo contrario, parecía que de todos los detalles que se iban descubriendo entre ellos se formaba un mural sublime de lo que es el realmente amor, la comprensión y la resiliencia. Luis y María se acompañaron hasta el final, en las buenas y en las malas, se aferraron el uno al otro y a la promesa que habían hecho en ese pequeño pueblo hace tantos años.

En su 50 aniversario de bodas, Luis volvió a sorprender a María tocándole «Siempre», acompañado de un grupo de sus amigos y familiares más cercanos. Mientras la música llenaba la habitación, María sintió que las lágrimas de alegría corrían por su rostro una vez más, de la misma manera como cuando tenía ella dieciocho años, y Luis le invitó a comer a casa para mostrarle su canción. María sabía que a pesar de todos los altibajos que habían enfrentado, su amor era más fuerte que nunca.

Y así, «Siempre» se convirtió en algo más que una canción para Luis y María. Fue un testimonio del poder perdurable del amor, un recordatorio palpable de que no importa lo que la vida nos depare, el amor verdadero siempre encontrará la manera de perdurar.” -B.C.R

Y éste fue el primer cuento que Luis le leyó a María cuando los dos despertaron del otro lado del mundo.

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