Rodolfo Higareda.-
Una de las labores fundamentales de todo Estado o imperio es el cuidado de sus fronteras. La seguridad fronteriza lo es todo en términos de garantizar la paz interior y la soberanía. Eso en la antigua Roma lo entendieron muy bien y es lo que explica, sin ser esto una justificación, la invasión de Rusia a Ucrania. Por ello, la verdadera fuerza de los Estados Unidos no se mide del todo por su defensa de Taiwán o su apoyo a la guerra en Europa, sino en su área inmediata de control geopolítico, es decir, México.
Desde siempre hemos sido un vecino incómodo para ellos, pero ahora somos uno peligroso y que cada día les da más dolores de cabeza. Y aunque la alianza de López Obrador con sus pares ideológicos de Cuba y Venezuela ha sido molesta, los grandotes del norte hasta ahora la han podido administrar sin mayores contratiempos. Ah, pero ya meterse en la cama con los rusos y los chinos es otra cosa (más allá de la promiscuidad). Tal hecho rebasa por mucho al espionaje y contraespionaje que siempre han realizado en nuestro territorio esas potencias. Porque si bien hoy en día el mundo es tan peligroso como en los años sesenta, y los norteamericanos están tan rotos internamente como entonces, las cosas han cambiado. Tanto así que a diferencia de Kruschev, Putin ya logró colocar a un aliado suyo en la Oficina Oval (Trump); y quien sabe qué tanto habrá ayudado al tabasqueño para llegar a la Silla del Águila.
En cualquier caso y no obstante la debilidad que ha mostrado Biden respecto a los desplantes e intrigas del gobierno mexicano, lo que hay que entender es que existe un nivel alterno de poder, distinto al Congreso y a la Casa Blanca, y que no es otra cosa que la famosa comunidad de inteligencia norteamericana. Y esta me parece que ya se cansó de las posturas progres y suaves de Anthony Blinken y compañía hacia nuestro país. Las filtraciones de los guacamayos vienen de allá, y son la respuesta más estructurada hasta ahora a los juegos geopolíticos iniciados por los aficionados que comen paella con el presiente los domingos.
Por eso, ante el anuncio de Rusia de que en México operaría un red satelital GPS gracias a un acuerdo entre ambas naciones, de inmediato el canciller Ebrard tuvo que salir a aclarar que aquí no se montaría esa tecnóloga y que el desdichado tratado tendría otros alcances. Lo propio intentó explicar en su precario lenguaje nuestro primer mandatario. Pero entonces la gran pregunta es ¿por qué el Kremlin anunció con tanta estridencia ese supuesto intercambio tecnológico? La respuesta más lógica es por la propaganda que requiere el autócrata cosaco para “asustar” a los norteamericanos y advertirles que él tiene a un aliado del otro lado del Bravo y otro a 90 millas de las costas de Miami. En la misma lógica, López y sus amigues piensan que con esto ya están entrando a las grandes ligas, y que con ello podrán tener a los gringos a raya y advertidos. Nada más equivocado y riesgoso.
El vecino tóxico tiene agotados a muchos de los que despachan a la orilla del Potomac; y esta semana, que una delegación mexicana acudirá a Washington para tratar temas de seguridad, seguramente podrán palpar ese hartazgo. Supongo que le aplicarán un severo “estate quieto” al romance que nuestro gobierno sostiene con el vodka y el caviar; para después apretar en los únicos temas que les interesan: Drogas, comercio y migración. Por lo demás les importa un comino la reforma electoral, la militarización y hasta la retórica socialista. Pero una cosa es segura, primero vuelven a invadir Veracruz o a lanzar otra expedición punitiva, antes de que los rusos instalen en México un solo alambre.

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