Leonardo Báez Fuente.-
Sí algo nos han demostrado la pandemia y las próximas elecciones es que la vida económica del país pasa a través de todos los órdenes de gobierno, mismo que parasita a las empresas y emprendimientos y les impide vivir.
Lo anterior es notable dado el altísimo intervencionismo del gobierno en todo lo que implique dinero en este país: Todo lo que pueda generar riqueza se encuentra invadido de todo tipo de disposiciones legales y reglamentarias a cuan más, todo ello con el fin de que el gobierno sobreviva como una sanguijuela pegada a las billeteras de todos aquellos que invierten en el país.
Esta inercia viene desde los tiempos del cardenismo y a la fecha no hay modo de extirparla. Todos los gobiernos mexicanos, en aras de una “justicia social” se han dedicado al robo organizado a todas las fuentes de riqueza nacionales, ya sea por medio de la lisa y llana expropiación de los negocios más lucrativos o de actuar como vampiros sobre de ellas cuando están en manos de particulares.
Mención aparte merece la extracción de impuestos abusivos a los salarios de los trabajadores por medio de las retenciones patronales y de las ganancias de los profesionales independientes a quienes considera como víctimas propiciatorias para sacrificar en el altar de la codicia burocrática que nos condena a la improductividad o al mercado negro e informal.
Aunado a una política fiscal extractiva, oculta, oscura, imprecisa y que causa incertidumbre a los contribuyentes por estar manejada conforme al comportamiento recaudatorio. La incertidumbre organizada desde el Sistema de Administración Tributaria y la eterna abulia legislativa que no analiza ni propone un sistema cierto a favor del contribuyente ha logrado que todos quieran huir de los tentáculos del fisco.

Lo anteriormente planteado impone una lógica perversa a los negocios: nunca sabe qué decisión tomarse dado que siempre temen que el fisco caiga con todo su poder sobre el contribuyente.
Y aunado a lo anterior, como todo negocio en México necesita para existir y desarrollarse de diversos permisos y autorizaciones gubernamentales (a cuan más inútil y engorroso) y el gobierno se cerró por la pandemia, nos encontramos en el peor escenario: No se puede trabajar en nada sí no se pasa por las Horcas Caudinas del gobierno, pero éste, a su vez, no deja de cobrar impuestos para no dar los servicios que se atribuye, causando la parálisis nacional.
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