Nav Melech.- Me cansé del silencio y es por eso que volví a buscarte, mi amor. No tardé mucho en encontrarte. Sigues tomando tu café frente a la fuente de nuestro parque. ¿Americano, verdad? Aún lees las primeras dos notas del periódido y tus cigarros siguen apagándose a medio camino. ¿Delicados, no es así? ¿Cómo?... Leer más →
Ella
Nav Melech.- Para mi amigo: A mi más querido amigo, de todos siempre mi más querido, de todos el más apapachado, el más adorado, te repito: de todos el que yo más atesoro. Te pido que hoy seas valiente y que no le tengas miedo a esa tan malentendida depresión. Ella, -tan tranquila que es-,... Leer más →
Avenida Revolución
Nav Melech.- “Ella siempre será mi puesta de sol.” Escribí en el WhatsApp. Envíe el mensaje, -a un receptor desconectado desde hace varios años-, esperé estúpidamente un par de minutos por una respuesta que nunca habría de llegar. Me sentí tranquilo. Escondido en el baño. Tomando Bacardí lentamente desde mi vaso rojo. Tocaron tres veces... Leer más →
Temblores
Nav Melech.- Esperé los mejores años de mi vida a que ella saliera de clase. Mientras tanto fumé los peores cigarros, y tomé los cafés más detestables, leí periódicos viejos, y escribí sobre personas que se perdieron en el mundo y en el tiempo. Esperé todas las tardes de lunes a sábado a que Marlén... Leer más →
Hilda
Nav Melech.- Supe que Hilda había muerto cuando llegó el viernes y no estaba encendido su incienso. Años atrás detesté enormemente el olor, la ceniza, el humo constante en mi frente; pero ahora el olor a copal desprende las últimas lágrimas que me quedan en el cuerpo. Dos años antes de que naciera mi hija,... Leer más →