En Baja California, Morena enfrentará un dilema: perfiles riesgosos o trayectorias consistentes. Una cosa es segura, el vecino del norte estará atento y los grupos sociales en la región también.
Julián Andrade.-
Pasando la Semana Santa, irán estableciéndose con mayor claridad los perfiles para el 2027.
Será, como toda contienda de mitad de sexenio, un reto para el gobierno federal y para su partido, porque por regla general, se da una disminución de los apoyos a quien tiene el poder.
Pero en el tablero hay algunas novedades, porque no será ya la disputa entre bloques, ya que el PAN parece convencido de no ir en alianza con el PRI y SomosMX, si no le hacen una jugarreta en el INE, escatimándole el registro, tendrán que competir por su cuenta.
Cada elección es distinta y tiene sus particularidades, de ahí que sea un error el tratar de repetir estrategias o el creer que el comportamiento de los votantes será el mismo.
Por ejemplo, en Baja California se dará una pelea entre Morena y el PAN, pero sobre todo será la disputa interna del partido mayoritario la que resuelva, aunque sea en parte, el futuro inmediato de esa región del país.
Todo está cambiando y de modo acelerado. Quienes creían que tenían la candidatura en el bolsillo están viendo cómo se reducen sus posibilidades, porque el factor de los Estados Unidos pesa cada día más y en un hecho concreto: ¿quién puede viajar y quien no? Los que tienen visa, los que están por perderla y a las que ya se las quitaron.

Un asunto es incontrovertible: Morena —y cualquier otro partido— no se puede dar el lujo de postular a alguien que quede en entredicho o que guarde “sorpresas” que son susceptibles de afectar no solo al político en cuestión, sino a Baja California en su conjunto.
De ahí que emerjan posibilidades interesantes, como las de la diputada federal Evangelina Moreno, capaz de afrontar una campaña y de ganarla, o el propio alcalde de Tijuana, Ismael Burgueño.
Pero Moreno tiene el aliciente adicional de provenir de las corrientes que fundaron el morenismo en la región y aún antes, cuando pertenecer a la izquierda no era la común. Destaca, de igual forma, por un constante trabajo territorial.
Quien pierde, en un contexto tan volátil, es la que era favorita de los grupos de interés, la senadora Julieta Ramírez, ya que su cercanía con Adán Augusto López Hernández y con la propia mandataria, Marina del Pilar Ávila no son las mejores cartas de presentación en estos momentos y por causas obvias.
A ello hay que añadir el pleito del exgobernador Jaime Bonilla con la actual mandataria, que lejos de ser un tema anecdótico, se puede convertir en un factor de riesgo y hasta en una amenaza, por la cantidad de expedientes y de historias que pueden emerger en cualquier momento.
Publicado en Forbes México el 31 de marzo de 2026.
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