Jorge Ortega Ferrán.-
Desde hace cuatro años el Salón de Tesorería del Palacio Nacional luce un ambón, donde se dicta la conversación de la política nacional, se da rienda suelta al aparato del Estado para justificar sus fallas y se tergiversan los datos para presumir las carencias. A este espacio que inicia transmisiones a las 7 de la mañana, creativamente, el presidente de la república le ha nombrado “Mañaneras”.
Pese a las apariencias cada día se hace más evidente que el único propósito de dicha matiné es hacerle un homenaje a su persona, el defenderle y alabarle con preguntas que sus panegiristas personales formulan a modo de que pueda esparcir su tan añejo resentimiento hacia los medios y personas que se oponen a su gobierno. Intentando disfrazar dicho programa como una rueda de prensa para atender las dudas de la nación el paso del tiempo ha demostrado que no es algo más que una homilía para sus fieles seguidores – quienes a la vez son sus principales televidentes – y los medios que difunden su palabra como una verdad incuestionable.
En el más reciente episodio que explica el uso y funciones de su “innovadora” manera de acercarse a lo que considera “el pueblo de México” se ha rehusado a darle el derecho de réplica a la senadora Xóchitl Gálvez, a quien el pasado 5 de diciembre señalo por presuntamente tener intenciones de desaparecer la entrega de apoyos a la población. “Que vaya a engañar a otra parte” fueron las palabras del mandatario al día siguiente. Queda claro que, por más que el Andrés Manuel se congratule a sí mismo como un defensor de la libertad de expresión, lo es siempre y cuando no sea en los medios que el controla y dirige.
“Acaba de decir la señora Xóchitl Gálvez que ella va a quitar los programas de apoyo a los adultos mayores…” decía el Ejecutivo en su mañanera el pasado 6 de diciembre. La senadora – referirse a ella como señora denota una clara falta de respeto al cargo – en cuestión nunca menciono tales palabras, o si quiera algo que pudiese a asemejarse a algo parecido, de ahí su interés en que se le abra el espacio en donde se la ha calumniado para esclarecer su imagen. “Tienen todos los medios de información. Denuncian, gritan, insultan y todavía quieren meterse aquí” continuaba el presidente. Y es que en su palacio el mandatario no puede ser molestado, mucho menos cuestionado. Arriesgarse a una afrenta pública en el espacio que domina es un insulto hacia su persona.
López Obrador a dejado claras dos cosas de vital importancia para la vida política de la Nación: la primera, es que la mañanera no es una rueda de prensa; y la segunda, es que en su espacio publicitario, su comercial de dos horas, su matiné de un solo hombre, él puede hacer y deshacer a modo sin que nadie pueda debatirle.
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