Rodolfo Higareda.-
La inseguridad en México pude describirse de manera simple, identificando dos fenómenos u orígenes de la misma. La primera es desde luego el narcotráfico, cuyos operadores criminales cuentan con inmensos recursos y armamento sumamente poderoso; equivalente, como bien lo dijo el presidente, al que poseen agrupaciones paramilitares. Están geográficamente diseminados en todo el territorio nacional; privilegiando los grandes centros urbanos de consumo y las rutas de contrabando hacia los Estados Unidos. También han diversificado su negocio con el robo de combustibles que les es muy redituable. A sus células más pequeñas les dejan actividades menores, como la extorsión a comerciantes, el secuestro y la prostitución entre otros.
El segundo fenómeno es la delincuencia común, esa que a diario padecemos de manera más próxima la mayoría de los ciudadanos, como los asaltos en vía pública o en el transporte, el robo a viviendas y comercios, el hurto de vehículos, la sustracción de mercancías y cosas por el estilo. Todos estos son cometidos ya sea en pandilla o bien por individuos marginales. Visto así, es evidente que nuestras precarias policías no podrán jamás oponerse a bandidos armados hasta los dientes; que encima están mejor pagados que cualquier uniformado municipal o estatal. Para encarar a los salvajes narcos se requiere necesariamente de las fuerzas armadas (Calderón dixit). Sin embargo, López Obrador las tiene nada más de adorno, para que marchen delante de sus amigos comunistas en las fiestas patrias y para hacer negocios juntos.
Tan así, que el propio Congreso de los Estados Unidos señaló en su más reciente informe sobre México, que el gobierno de López evita los operativos antinarcóticos; ya sean aprehensiones de objetivos prioritarios o decomiso de cargamentos. El mejor ejemplo desde luego es la liberación de Ovidio Guzmán por instrucciones presidenciales. Hay un pacto con esos criminales que es más que evidente; y entonces viene la pregunta ¿por qué el presidente está tan empeñado en mantener al ejército en las calles con la fachada de la Guardia Nacional? La respuesta es muy simple: Es otra más de sus simulaciones. ¿Y por qué afirmo esto? Sencillo, porque ese cuerpo “policíaco” tampoco tendrá la capacidad suficiente para hacerle frente a esas mafias, aunque esté integrado por militares. Como lo tiene previsto, será como una gendarmería cualquiera, conformada por soldados rasos malcomidos, que ni de lejos se acercarán jamás a los prestigiados carabinieri italianos o a sus homólogos españoles.
Además, estoy completamente seguro de que si los italianos tuvieran que enfrentar a bandas similares a las nuestras (su Cosa Nostra no se compara con el CJNG), lanzarían a su ejército contra ellas. Lo mismo en los Estados Unidos, si tuvieran que acabar con un grupo paramilitar, no mandarían al FBI a encararlos en lo profundo de las montañas Rocosas. Pero como López no piensa combatir a los narcotraficantes y a la vez quiere cuidar a sus soldaditos y aparentar que desea acabar con la inseguridad, su guardia le sirve para hacer carambola de tres bandas. Y quizás, igual y consigue que sus gendarmes se encarguen de los delitos del fuero común antes señalados.

Bueno pues dicho esto, la otra jugada de taquito que le salió como un mago, fue la de doblar a Alito y a Moreira. Y es que el tabasqueño es muy vago y enfrente no tiene a ningún rival de peso. ¿Qué va a decidir hacer con el EDOMEX y Coahuila? Si bien pudieron haber sido fichas de cambio, sospecho que simplemente les negoció impunidad. Él va por todas sin misericordia y ya tiene la bola ocho a tiro; ante una oposición a la que divide y copta a placer.
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