Dante Pinal.-
El presidente López Obrador propuso el retiro de la estatua de la Libertad, en Nueva York, en caso de que el gobierno de los Estados Unidos condene al fundador de Wikileaks Julian Assange.
En otra ocurrencia más dentro de las mañaneras, el mandatario dice que el país del norte, de no conceder el indulto al periodista, significaría un atentado en contra la libertad de expresión.
Pero cómo vale más el dicho “candil de la calle y oscuridad de su casa”, López Obrador defiende y reconoce a Assange como el mejor periodista del mundo y aquí en México se dedica a atacar a los comunicadores a los que se refiere como: “los operadores de la mafia derechista que incitan a los ataques del gobierno”.
Simplemente cuantos periodistas muertos hay en este sexenio y a quienes el presidente solo dedica unas cuantas palabras y la promesa de llegar al fondo de las averiguaciones.
Si López Obrador desea emprender una campaña para retirar la Estatua de la Libertad, pues hagamos lo mismo en la capital del país, quitando el Ángel de la Independencia en honor a los periodistas atacados o comunicadores asesinados.
Tal pareciera que la defensa que hace al fundador de Wikileaks es más que nada para acrecentar su enfrentamiento con los comunicadores mexicanos los cuales, si no pertenecen a su cofradía cortesana, son señalados como los más chayoteros y corruptos de la historia.
El ataque a periodistas y medios de comunicación es una de las estrategias habituales de López Obrador para esconder los yerros de su gobierno, a cambio aglutina a una serie de personajes o amlovers dedicados exclusivamente a ensalzar la figura presidencial como el gran todopoderoso.

La ridícula sección “quién es quién en las mentiras” es la muestra palpable del rencor y odio que le presidente le tiene a medios de comunicación que no coinciden o señalan a la 4a transformación como el retroceso político histórico más elocuente de las últimas décadas.
Por un lado, el mensaje de los partidarios morenistas es alentar el odio al sector de militantes y seguidores en contra de la prensa mexicana, y por el otro, afortunadamente, hay otra parte de la sociedad que sabe la trascendencia del ejercicio periodístico en nuestro país.
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