¿Por qué nos importa Paulette?

Hace 10 años publique el siguiente texto en Newsweek. El caso conmovió a México y lo sigue haciendo. Hoy una serie de Netflix lo pone de nuevo en la agenda.*

La muerte de una niña que hizo caer a un procurador y generó una crisis que aún no concluye

Julián Andrade

¿Por qué la muerte de una niña de cuatro años puede conmover a un país entero? ¿Por qué se convirtió, inclusive, en uno de los temas más comentados en el mundo a través de Twitter?

Primero la historia: Paulette Guebara Farah fue reportada como desaparecida el 22 de marzo. De inmediato las autoridades del Estado de México acudieron al auxilio de una familia desesperada. Pronto se descartó la posibilidad de un secuestro, porque no existieron ni mensajes ni llamadas de rescate.

El 29 de ese mismo mes, la policía creía tener pistas que apuntaban a los padres y a las nanas de la niña. Solicitaron a un juez y obtuvieron el arraigo de los padres de la niña, Mauricio Gebara y Lizette Farah.

Dos días después y a los nueve de su desaparición fue encontrado el  su cadáver de Paulette en su misma habitación, envuelto en una sábana. El procurador del estado, Alberto Bazbaz, señaló que se trataba, “sin duda, de un homicidio”.

Acusó a la madre de la niña, Lizette Farah de ser la principal sospechosa y de tener trastornos de personalidad. 

La seguridad que Bazbaz tenía en sus hipótesis radicaba en que se habían hecho inspecciones del cuarto y que perros entrenados no encontraron nada relevante.  Pero había más. Familiares de la niña y una amiga de la madre, habían dormido en la misma cama.

Sin embrago, a los pocos días de sus declaraciones, el procurador comenzó a dudar. Pidió apoyo de la PGR y del FBI.

El 21 de mayo todo cambió. Bazbaz anunció que las investigaciones determinaron que Paulette murió por accidente y el caso se archivó. Los perros que habían entrado a la casa y a la habitación “buscaban personas vivas, no muertas”.

Inició un escándalo pocas veces visto en la vida pública mexicana. La condena al resultado de las investigaciones fue casi unánime y el procurador tuvo que renunciar.  El 25 anunció que se retiraba del cargo “ante la pérdida de confianza”. 

¿Cómo era posible que decenas de policías y de peritos no encontraran un cadáver durante días y días?

El gobernador del Estado de México, Enrique Peña, el jefe de Bazbaz, anunció que dará a conocer los peritajes que demuestran que la niña Gebara Farah murió por accidente.  

Va a ser muy difícil que cambie la percepción de la gente, pero al menos se contará con más datos para el análisis de uno de los casos más extraños e impactantes de los últimos años.

México, es evidente, atraviesa por una profunda crisis en todo el sistema de justicia. La impunidad es del 95 por ciento,  según datos del Instituto Ciudadano de Estudios Sobre la Inseguridad, uno de los organismos más sólidos en el análisis de la violencia. Esto es, cualquier criminal tiene muy altas probabilidades de no ser atrapado y mucho menos de llegar a juicio.

El caso de Paulette generó una gran expectativa y se volvió en un espectáculo mediático. La madre de la niña tuvo largas entrevistas en las dos cadenas de televisión abierta y ahí fue interrogada sobre su presunta implicación en el crimen.

La sencillez dramática del expediente de la niña Paulette, generó un impacto inmediato en franjas educadas de la opinión pública, que son las que tienen un acceso permanente a internet. En otros países la reacción fue similar y además permitió tener elementos de juicio ante el enigma que avances impera en México en temas de violencia. Es mundial, además, porque se parece al caso de Madelaine Mc Cann, la niña inglesa que desapareció, sin dejar rastro, en Praia da Luz, Portugal en mayo 2007.

La desaparición y el enigma del fallecimiento de  Paulette, eran más cercanos que los anónimos muertos que día con día pierden la vida en situaciones relacionadas con las drogas.

Dentro del drama, es interesante observar que una intensa presión pública en medios de comunicación y redes sociales logró, en principio, que el expediente se haga público.

No es poca cosa en un país donde las procuradurías han intentado que impere la opacidad y son bastante renuentes al escrutinio de la ciudadanía.

Es probable que en los próximos días se den a conocer los peritajes del caso que sustentaron la conclusión de la teoría del accidente.

El escándalo continuará, porque las autoridades, y sobre todo las encargadas de impartir justicia no gozan de credibilidad.

Puede parecer poco, pero el obligar a los gobernantes a rendir cuentas, como en este caso, es sin duda un buen paso para que la relación de la ciudadanía con el poder empiece a cambiar. Falta mucho por hacer, es verdad, pero con algo se empieza.

Newsweek en español, mayo de 2010

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